lunes, 22 de agosto de 2011

Gianluca Signorini, “il capitano” del Genoa, y la sombra de los fármacos en el Calcio

Durante las décadas del ´80 y ´90, el fútbol italiano justificó su cartel de “mejor liga del mundo” en innumerables ocasiones. Varios de los mejores jugadores del momento, como Platini, Maradona y Van Basten se desempeñaron allí, pero pocas veces los titulares que anunciaban sus proezas se vieron entremezclados con las denuncias acerca del uso de fármacos y distintas drogas en el Calcio, que potenciaban el rendimiento de los futbolistas arriesgando su bienestar futuro, algo que muchos han denunciado más de forma reciente, o ante la seguridad de estar retirados y fuera del sistema.

Mientras tanto, en 1978 debutaba en la Primera División del club Pisa, en ese momento en la Serie C1 del fútbol italiano, un joven central de 18 años llamado Gianluca Signorini, que había nacido en la ciudad, y que se presentaba como una de las mayores promesas futbolísticas a nivel local. Sin embargo, su entrenador de aquel momento no le depositaba confianza, y por eso pasó a los pocos meses al Pietrasanta.

Se consolidó en la temporada 1979/80, logrando ser considerado por la afición del pequeño equipo como el mejor jugador de la plantilla, lo que le valió para ser transferido al Prato, un conjunto toscano de mayor entidad, donde repetiría sus grandes actuaciones, y tras apenas un año de jugar allí el Livorno, que deambulaba por la zona del ascenso pero tenía un proyecto más serio, obtuvo su fichaje.

En la Roma
En este equipo también pudo repetir buenas actuaciones, siendo titular durante las dos temporadas que disputó con ellos, y convirtiéndose en capitán en algunas ocasiones, aunque al cabo de la campaña 1982/83 decidió marcharse al Ternana, donde jugó también un año antes de marcharse al Cavese, en el que disputaría el campeonato de 1984/85. Fue titular en ambos clubes, disputando en cada uno de ellos 29 encuentros, y sobresalía por su poderío físico.

Fue entonces, en julio de 1985, cuando cambiaría su carrera de forma radical. Arrigo Sacchi, entrenador del Parma, y un gran observador del fútbol italiano, notó la gran calidad de aquel central del Cavese que a pesar de no poder evitar el descenso de su equipo a la Serie C, se había destacado en la segunda categoría del fútbol local. Lo interesante de Signorini además era su capacidad para jugar como líbero, una posición muy utilizada en el Calcio en aquel momento.

Tras cortas negociaciones, dadas las diferencias económicas manejadas entre la Serie A y las divisionales inferiores, se cerró su transferencia al Parma, donde llegó a ser titular en las dos temporadas que jugó allí, siendo una pieza clave del equipo para Sacchi, que le alinearía en 70 partidos a lo largo de las campañas 1985/86 y 1986/87.

Sus actuaciones en el Parma le hicieron reconocido a nivel nacional, aunque futbolistas como Scirea, Cabrini, Bergomi y Ancellotti le cerraban las puertas de la “nazionale”. Sin embargo, eso no evitó que siguiera escalando peldaños en cuanto a clubes, ya que el entrenador sueco Nils Liedholm le pidió para reforzar a su Roma en 1987. Allí jugaría también 29 encuentros en la temporada.

El mítico Genoa de Bagnoli
Sólo un año después, este trotamundos del Calcio encontraría su lugar en el mundo, cuando el reconocido entrenador italiano Franco Scoglio pidió su incorporación al Genoa como una de las condiciones para seguir en el cargo. El conjunto de Liguria había tenido grandes actuaciones antes de la Segunda Guerra Mundial, y por aquel entonces buscaba sumarse al éxito de su rival, la Sampdoria.

Tan pronto llegó al Luigi Ferraris, fue designado capitán por sus nuevos compañeros, condición que ostentaría los siete años que jugó con el Genoa. En ese lapso, fue eje fundamental de la histórica campaña de la temporada 1990/91 de este equipo, en la que los genoveses dirigidos por Osvaldo Bagnoli alcanzaron un histórico cuarto puesto en la Serie A, lo que les permitió clasificarse a la Copa de la UEFA del año siguiente, donde serían semfinalistas, derrotando en su camino ni más ni menos que al Liverpool en Anfield, siendo el primer equipo italiano en lograrlo de forma oficial.

En 1995, decidió abandonar el Genoa convertido en ídolo absoluto del club, y probablemente uno de los tres mejores jugadores que haya vestido esa camiseta en el último medio siglo, para retirarse en el club que le vio nacer, el Pisa, que disputaba el campeonato de la Serie B, donde jugó dos temporadas hasta que decidió retirarse en julio de 1997, a los 37 años.

Signorini fue contratado por el mismo Pisa en febrero de 1998, donde ejerció como ayudante técnico de Alessandro Mannini, quien a su vez había destituido a Roberto Clagluna. Al año siguiente, el ex defensa fue contratado por otro de sus anteriores clubes, el Livorno, donde se encargaría de la dirección de los equipos juveniles, además de terminar de prepararse para ser entrenador.

Sin embargo, todo se desmoronaría a las pocas semanas de comenzada esta aventura, ya que tras un chequeo de rutina al que acudió porque tenía dificultades para tragar comida, a Signorini le fue diagnosticada una esclerosis lateral amiotrófica, o también conocida como enfermedad de Lou Gehrig, la que comenzó a debilitar sus músculos poco a poco hasta dejarlos casi inútiles, y a él, postrado en una silla de ruedas. “Es el destino”, solía repetir.

Si bien intentó durante algún tiempo luchar en silencio contra esta enfermedad, rápidamente necesitó de la ayuda de los fanáticos para poder costear los tratamientos requeridos. Por ello, el 24 de mayo de 2001 se organizó en el estadio Luigi Ferraris una velada en su honor, con su presencia y la de su familia. A su entrada al campo, el aliento de los 25.000 hinchas parecían hacerlo temblar, y Signorini, que ya estaba muy deteriorado, no pudo contener las lágrimas. Sería, a la postre, su última aparición pública.

Su prolongada agonía, no obstante, le mantuvo con vida hasta el 6 de noviembre del año 2002, cuando falleció en compañía de su mujer Antonella y sus cuatro hijos en la misma ciudad de Pisa. Entonces, el Genoa decidió no sólo retirar la camiseta número “6”, que había utilizado en su etapa en el club, sino también llamar Gianluca Signorini a su campo de entrenamiento; mientras que el Pisa llamó así a la principal tribuna de su estadio, el Arena Garibaldi.

Como contrapartida, en mayo de 2009, realizó su debut con el primer equipo del Genoa, y sólo 17 años, Andrea Signorini, el tercero de sus hijos, quien justamente también se desempeña como defensor, y actualmente está jugando en el Benevento, tras un paso por el Alessandria.


La sombra de los fármacos

La muerte de Signorini produjo, como efecto dominó, que comenzara a investigarse seriamente el uso de sustancias prohibidas y distintas drogas en los futbolistas italianos especialmente en las décadas en las que él se había mantenido activo. Su nombre era demasiado importante como para seguir obviando el tema.

En ese momento, el fiscal Raffaelle Guarinello de Turín comenzó a seguir cerca de 420 casos de futbolistas de divisiones profesionales y amateur que presentaban enfermedades de mínima presencia para el resto de la población, e incluso la misma Antonella Signorini declaró que no tenía dudas de que el uso de fármacos había provocado tal degeneramiento en las células de su esposo, quien nunca había querido inculpar al club.

Stefano Borgonovo
Las sospechas se multiplicaron además cuando dos de sus colegas, Fabrizio Gorin, que había jugado en el Genoa entre 1978 y 1982; y Franco Rotella, en el mismo equipo entre 1983 y 1983 y luego entre 1986 y 1990, siendo compañero de Signorini, fallecieron extrañamente a causa de una leucemia fulminante y un melanoma, respectivamente, todos antes de los 50 años de edad.

Aunque nunca pudieron comprobarse los cargos que le debieron ser imputados a los responsables, no hace mucho tiempo futbolistas reconocidos como Fabio Cannavaro admitieron que era común hace una década este tipo de inyecciones ara mejorar el rendimiento.

Actualmente, el tema volvió a debate hace algún tiempo, cuando la enfermedad de Lou Gehrig le fue diagnosticada a otro ex futbolista, Stefano Borgonovo, que llegó a jugar en Fiorentina, Udinese y Milan; y que se encuentra luchando contra la misma con la ayuda de varios de sus ex compañeros, entre los que está Carlo Ancellotti o Roberto Baggio.



4 comentarios:

  1. Me ha encantado el relato. Muy buen artículo, te lo dice alguien que ama el la historia del fútbol italiano. Gracias. Saludos, te espero en mi blog.

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  2. Gracias por el comentario Xabi, conocía la historia solo por arriba, y la verdad es que me ha emocionado

    Saludos y desde luego me paso por el blog!

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